By Joe Citro
Senior Vice President/Hispanic Services Director

This is the Spanish version of an entry in Viviendo la Mision de Cristo/Living Christ’s Mission, the only bilingual blog on Stewardship and Missionary Discipleship in the country. See the article in English here.

En un cuarto oscuro sus miradas pasaban de cara a cara, buscando desesperadamente un rayo de esperanza entre los rostros de sus compañeros apóstoles. No encontraron ninguno. Juntos vieron con gozo la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Rápidamente esa alegría se convirtió en un dolor inmenso cuando crucificaron a Jesús. Los apóstoles huyeron por temor a que ellos iban a ser las próximas victimas de los enemigos de Cristo. Acurrucados juntos, se quedaron ocultos, temerosos de perder sus vidas.

Al igual que los apóstoles, el miedo y nuestro futuro incierto han impactado dramáticamente nuestras vidas. Diariamente observamos que el numero de los infectados y fallecidos por el Coronavirus son cada vez mayores. Este virus ha causado estragos y sufrimiento en la vida de nuestras hermanas y hermanos en todo el mundo. Anhelamos volver a la normalidad, pero también reconocemos que nuestros patrones de vida anteriores presentan graves riesgos para nuestra propia existencia.

En Pentecostés, Jesús envió el Espíritu Santo, ”que les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.” (Juan 14:26). El Espíritu Santo destruyó su miedo y llenó a los apóstoles con una fuerza tan poderosa que duró hasta su martirio. Nacidos en el Espíritu en Pentecostés, predicaron y vivieron el mensaje salvador de Cristo, el Señor resucitado, el vencedor de la muerte y el camino a la vida eterna. Ahora más que nunca necesitamos recibir los dones del Espíritu Santo en este Pentecostés del 2020.

Toda la raza humana requiere la fuerza del Espíritu Santo mientras luchamos contra los despiadados estragos de un virus mortal. No importa el idioma que hablamos, el país en el que vivimos o la forma en que pensamos, nosotros necesitamos ahora al Espíritu Santo para darnos el coraje de vivir el camino de la cruz … sacrificando, sirviendo, dando, y amando a los demás.

Esta crisis nos presenta la oportunidad de enriquecer nuestra conversión a Cristo y nuestro compromiso como discípulos misioneros . Dejémonos guiar por el Espíritu Santo y la inspiración de San Pablo: ” Alégrense en la esperanza, sean pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración.”. (Romanos 12:12).

¡Ven Espíritu Santo, Ven!

Joseph Citro, Vicepresidente, Greater Mission